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EVOLUCION, SOCIEDAD y DIMORFISMO SEXUAL


En 1798, el Ensayo sobre el principio de la población, de Malthus, lanzó una semilla que germinaría en el pensamiento de Charles Darwin como la teoría de la selección natural, publicada en 1859 en El origen de las especies. Malthus había observado que, aunque un par de progenitores generalmente produzcan un total de más de dos descendientes, muchas poblaciones no crecen tan deprisa como cabría suponer, si es que crecen. Darwin vio que los individuos diferían en el detalle y la perfección de su adaptación a las condiciones predominantes. La variación entre individuos surgía de la mezcla del material genético contenido en la reproducción sexual, y de la mutación, aunque la conexión entre estos mecanismos y la teoría de Darwin no fue captada hasta 1900, al redescubriese los trabajos que Mendel había efectuado mucho antes, en el año 1865. Puesto que las poblaciones no crecen necesariamente, muchos recién nacidos deben morir. La variación entre individuos determina una muerte selectiva, que permite prosperar a los mejor adaptados. Los rasgos que confieren una ventaja de adaptación pueden extenderse con la herencia, dado que los portadores constituyen una proporción cada vez mayor de la población reproductora. La selección natural modela a los individuos de las generaciones subsiguientes para que se adapten cada vez mejor a las circunstancias. Las características de una especie representan la suma de las influencias de la selección natural en individuos similares. Es erróneo afirmar que los animales se comportan "en beneficio de la especie". Lo que ocurre más bien es que los individuos se adaptan para maximizar su propia aptitud, lo que equivale a maximizar el número de sus descendientes que sobrevivirán para criar. En realidad, la selección actúa sobre el material genético subyacente en las características de cada individuo, que se comporta de manera que pueda promover la supervivencia de los genes de los que él es vehículo temporal. De aquí procede el término ya famoso del "gen egoísta", acuñado por el biólogo británico Richard Dawkins. A veces, un determinado individuo ayuda a sus diversos parientes y se comporta de un modo que a primera vista parece perjudicial para su propio interés, pero que beneficia a sus genes y mejora sus características generales (o "incorporadas"). El comportamiento individual de los mamíferos persigue el éxito reproductivo. Por tanto, la pauta de reproducción es el núcleo de la sociedad; las adaptaciones tendentes a este fin se reflejan en la gran variedad de sistemas sociales de mamíferos. Hay en este aspecto una asimetría entre machos y hembras, ya que es más barato producir esperma que óvulos, y desde luego sólo las hembras acarrean con los costos del embarazo y la lactancia. Por consiguiente, los machos pueden maximizar con mayor facilidad su éxito reproductivo apareándose con varias hembras. En cambio, éstas sólo pueden parir unas pocas crías, por lo que han de basar su éxito reproductivo en la calidad de cada una de ellas, buscando el mejor padre (evolutivamente, el "más apto"). El infanticidio, tal como nos consta que lo practican los machos de algunos primates y carnívoros, constituye un ilustrativo ejemplo de hasta qué punto pueden llegar los machos para extender sus genes a expensas de los de sus rivales, toda vez que la muerte de las crías de los machos rivales, además de eliminar a unos competidores potenciales de la progenie del macho infanticida, vuelve a situar a las hembras lactantes en el período de celo. La selección natural que se realiza entre los machos competidores se denomina selección sexual, y explica por qué tantos mamíferos son poligínicos (un macho se aparea con varias hembras), pocos son poliándricos (una hembra se aparea con varios machos) y por qué los machos suelen ser más grandes que las hembras (es decir, los sexos son dimórficos). Un macho grande derrota a más rivales, procura más hembras a su harén y tiene, por tanto, mayor descendencia; si su tamaño y valor pasan a sus hijos, éstos serán a su vez dominantes. Por consiguiente, las hembras adaptadas para comportarse de un modo que permita a sus hijos prosperar, seleccionarán como parejas tan sólo a los machos de mayor tamaño y combatividad. La situación es diferente si el nicho de la especie permite que el éxito reproductivo de un macho se vea más afectado por la calidad de sus cuidados patemos que por la calidad de su esperma; por ejemplo, entre los miembros de la familia de los cánidos, la supervivencia de los jóvenes depende de que su padre los aprovisione con presas, y es difícil que el macho pueda atender a más de una o dos camadas. En este caso, la selección natural favorece la monogamia, y el tamaño y el aspecto de macho y hembra son menos dispares. Entonces, el mayor dimorfismo sexual va asociado con la poliginia, pero se desconoce a qué se debe la acentuada desproporción del dimorfismo sexual entre las especies de mayor tamaño. Una posible respuesta es la de que las exigencias energéticas son menores en éstas y, por tanto, pueden invertir más generosamente en el tamaño de los músculos y en el armamento masculino.


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